jueves, 10 de abril de 2014

DE LA INSTRUCCIÓN DIRECTA AL APRENDIZAJE BASADO EN PROYECTOS

      Una de las cosas que me gustan en los MOOC es que el conocimiento se genera entre todos, que unos proponen la tarea y los que la hacemos la reinventamos a nuestro modo. En la Unidad 1 del ABPmooc se nos pide que hagamos una reflexión sobre las ventajas y desventajas de la instrucción directa y del Aprendizaje Basado en Proyectos, apoyando nuestros argumentos con evidencias, un poco en plan sesudo... pero no me apetece. 

     Quizás sea porque voy retrasada y ya he leído muchas de las reflexiones de mis compañeros y compañeras y siento que queda poco por decir. Quizás porque el cansancio de estos meses de trabajo se me acumula en las legañitas de los ojos. 

        Así que os lo advierto: voy a divagar. 

          Ya sabemos todos que la instrucción directa es cómoda, la conocemos bien y nos da seguridad a alumnos, alumnas y profes... pero qué aburrida, qué absurda en determinados momentos y contextos, qué efímero el aprendizaje que genera y qué frustrante cuando compruebas que nadie te escuchó mientras explicabas, que sólo dos (o tres) hacen los ejercicios que les pides que hagan y que ese alumno o alumna con discapacidad se oculta en un rincón con un libro diferente y pasa la hora rellenando huecos con palabras que no entiende.

         Os lo cuento porque lo he vivido y he buscado formas de decir BASTA. El Aprendizaje Basado en Proyectos es una de ellas. Aunque asusta perder el control y el asidero del libro de texto, aunque cuesta resistirse a las presiones de quienes desprecian tu trabajo juzgándolo marginal al aprendizaje "verdaderamente importante". 


           El Aprendizaje Basado en Proyectos no obra milagros, pero ni los alumnos y alumnas ni su profe se aburren tanto (a veces las clases son hasta emocionantes), dota de sentido a lo que hacemos, nos pone en relación emocional y afectiva, provoca aprendizajes duraderos y consigue que ese alumno con discapacidad que estaba en el rincón se siente con sus compañeros y compañeras a participar en un proyecto común al que puede aportar lo que sabe. Su sonrisa no tiene precio. Os lo aseguro. 

Nota: Las fotos son de mi amiga Carmen Soria . Gracias, Carmen.















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